Envías una campaña y, a los dos o tres segundos, aparece un acceso. Nadie lee tan rápido — y, efectivamente, nadie lo ha leído: es el proveedor de correo del destinatario descargando la imagen de seguimiento automáticamente. LoboTrack lo sabe y no lo cuenta como apertura. Aquí está el porqué completo.
Qué está pasando
Gmail no deja que las imágenes de un correo lleguen directas al lector: las sirve a través de sus propios servidores (un proxy de imágenes) y, a menudo, las descarga por adelantado nada más recibir el correo, antes de que nadie lo abra. Otros sistemas hacen cosas parecidas: los antivirus y escáneres de seguridad corporativos abren los enlaces y descargan las imágenes de los correos entrantes para inspeccionarlos.
Para un sistema de seguimiento ingenuo, cada una de esas descargas parecería una apertura. Por eso muchas herramientas inflan las cifras.
Qué hace LoboTrack con ellas
Cada acceso se clasifica en el servidor según el cliente que lo hace, la red de la que viene y el momento en que llega:
- Descarga automática (prefetch). Una descarga hecha por un proxy pocos segundos después del envío se marca como «Prefetch (automático)»: no cuenta como apertura ni marca el correo como abierto.
- Escáneres de seguridad. Los accesos de antivirus y filtros corporativos se marcan como «Escáner» y tampoco cuentan.
- Aperturas reales a través del proxy. Si el proxy de Gmail descarga la imagen más tarde —cuando el destinatario abre de verdad— eso sí cuenta como apertura. Se muestra con la nota «vía proxy» y sin ubicación en el mapa, porque la dirección visible es la del servidor de Gmail, no la del lector.
Dónde verlo
En Registros, cada acceso filtrado sigue a la vista, marcado como «Automático» con su explicación: no cuenta, pero puedes auditarlo. El filtro «Ocultar escáneres» aparta los escáneres de la lista; las descargas automáticas se muestran siempre, marcadas, para que las cifras nunca parezcan esconder tráfico.
