El seguimiento de LoboTrack se apoya en dos mecanismos sencillos y muy veteranos del correo: una imagen que se descarga al abrir el mensaje y unos enlaces que pasan por el servidor antes de llegar a su destino. Aquí está cómo funcionan los dos, qué se registra y, también, qué no pueden saber.
Las aperturas: una imagen al final del correo
Cada correo con seguimiento lleva una pequeña imagen al final del mensaje, única para cada destinatario. Cuando el destinatario abre el correo, su programa de correo descarga esa imagen del servidor de LoboTrack, y esa descarga es la apertura: queda registrada con la fecha, el cliente de correo y, cuando la red lo permite, la ubicación aproximada.
Qué imagen es depende de tu plan: con un plan de pago es un píxel transparente de 1×1, invisible; con el plan Free es la marca visible de LoboTrack. El seguimiento funciona igual en los dos casos.
Los clics: enlaces que pasan por el servidor
Si activas el seguimiento de enlaces, los enlaces del correo se reescriben para apuntar primero al servidor de LoboTrack, que registra el clic y redirige inmediatamente a la página real. El destinatario acaba donde siempre; el paso intermedio dura milisegundos.
Dos detalles de este mecanismo:
- El enlace de baja nunca se rastrea: va aparte, directo a la página de baja.
- Un clic también cuenta como apertura. Si el destinatario tiene las imágenes bloqueadas, la apertura pasa desapercibida, pero el clic la delata: LoboTrack la apunta igualmente.
Dónde se ve todo
- El detalle de la campaña resume enviados, lectores únicos y clics. La tasa de apertura siempre es lectores únicos entre correos enviados.
- Registros (el registro de accesos) lista cada apertura y cada clic con su tipo, cliente de correo, dispositivo y ubicación, con un mapa por países y filtros por campaña.
- Enlaces rastreados reúne tus enlaces con sus clics totales, el último clic y la última campaña que los usó.
Lo que el seguimiento no puede saber
Medir correo tiene límites físicos, y preferimos contarlos a esconderlos:
- Imágenes bloqueadas. Si el destinatario no carga imágenes, su apertura es invisible — solo un clic la revelaría.
- Descargas automáticas. Gmail y otros proveedores a veces descargan la imagen nada más recibir el correo, sin que nadie lo abra. LoboTrack las detecta y no las cuenta: el detalle está en ¿Por qué veo una apertura nada más enviar?.
- Ubicación tras un proxy. Gmail descarga las imágenes a través de sus propios servidores: la ubicación de esas aperturas es la del servidor de Gmail, no la del lector, así que no cuenta en el mapa. Apple Mail con protección de privacidad da una ubicación aproximada, y así se marca.
- Reenvíos. Una copia reenviada lleva la misma imagen y los mismos enlaces: no hay forma segura de saber quién la abre. Cuando los indicios apuntan a otro lector, LoboTrack lo marca como «posible reenvío», nunca como certeza.
